La Corte Constitucional ha sido históricamente la talanquera a los autoritarismos. Una y otra vez les ha puesto el pecho a los vientos ultraconservadores que cada tanto quieren reformar la ley, entronizar a un presidente, recortar los derechos de las minorías. Ese papel la ha convertido en el objeto de los deseos de los godos ultramontanos de este país, que no ven la hora de hacerse con ella para echar abajo la larga tradición de juristas demócratas y garantistas. Esa derecha nunca descansa y cada tanto a la Corte le toca persignarse para no desviar el camino. Y este es uno de esos momentos, pues la restitución de tierras está en peligro. La Ley 1448, que acumuló el reconocimiento a las víctimas y la restitución de tierras, se concibió para revertir los efectos que la guerra ha tenido en la concentración de la propiedad en Colombia y, a la vez, abrió la senda hacia la negociación de paz con las FARC. Pero desde que nació ha sido acechada —y detestada— por los grandes terratenient...