Opinión de Adriana Cooper, 31/05/2024 Sucedió en varias reuniones de trabajo: el jefe o algún invitado decidió que era el momento de una “dinámica de integración”. De repente, una reunión que avanzaba con una calma sin necesidad aparente de perturbar se transformó en la oportunidad para crear obras de teatro, disfrazarse o hacer un movimiento sensual, sexy . Cada vez que ese momento ha sucedido y a pesar de los intentos por encontrar en ellos su lado amable, recuerdo esa sensación que tenía cuando llegaba el payaso y yo salía a buscar a mis papás y a sus amigos para evitar buscarle la cola al burro, tocar a desconocidos o ser la burla de alguien ante un asomo de timidez. El tema también ha trascendido las reuniones laborales, en parte, por esa dinámica de las redes sociales que te invita a contar casi todo lo que haces. Hace unas semanas, una empresa de eventos invitó a un grupo de periodistas a un festival local y, en la mitad del evento, una de las organizadoras pi...